Elena Martín

ENTREVISTA CON ELENA MARTÍN

Elena Martín nació en Barcelona en 1992, es actriz, guionista y directora de cine: En 2014 protagonizó Las amigas de Ágata, largometraje que se convirtió rápidamente en una película generacional. Es, además, directora del film Julia Ist, presentado en 2017, en el Festival de Málaga y en el que también interviene como actriz y guionista. Aparte de las películas ya mencionadas, actúa en Con el viento (2018), La mujer del siglo (2018) y dirigió dos capítulos en la serie Perfect Life de Leticia Dolera (ganadora del premio de “Mejor Serie” y “Mejor Interpretación” en Cannes Series). Su opera prima, Julia ist,estuvo nominada al Premio Gaudí de “Mejor Película en Lengua no Catalana” y al de “Mejor Montaje”. Actualmente está escribiendo la siguiente serie de Los Javis para Atresmedia.

¿Cómo surgió tu interés por hacer cine?

Desde muy pequeña me gustaba el cine, la televisión, el teatro… la comunicación en general. Mis padres me apuntaron a clases de teatro y enseguida se convirtió en una parte esencial de mi vida. Después, a los 18 años me di cuenta de que quería estudiar Comunicación Audiovisual. En aquel momento aún me daba miedo reconocer que quería actuar y dirigir profesionalmente.

¿En qué ámbitos del cine trabajas/has trabajado?

En el cine he trabajado como directora, actriz y guionista. Primero en mis propios proyectos, que eran pequeños. Poco a poco fueron creciendo y ahora, paralelamente, ya hace un par de años que también los combino con proyectos para los que me emplean. También he descubierto la televisión y ya he trabajado en dos series distintas como directora y guionista y en un telefilm como actriz.

¿A quién considerarías tu mayor pilar en la vida? ¿Por qué?

Mis pilares son mi familia de sangre y mi familia escogida, es decir, mis amigxs. Es el ambiente en el que he crecido tanto emocional como creativamente. Mi familia es un gran centro de equilibrio y amor y mis amigxs son una base afectiva clave para mí, así como una fuente de inspiración incansable.

¿En qué sentido la conciliación familiar entre tu vida personal y profesional es un asunto que te preocupe? ¿Ves al respecto alguna diferencia con tus colegas de profesión varones?

La conciliación entre mi vida personal y profesional siempre es compleja, porque suelo trabajar mucho con mis amigxs. A mi familia es cierto que los veo mucho menos desde que enlazo un trabajo con otro, pero el vínculo sigue siendo estrecho. Cuando no trabajo con mis amigxs de siempre, lxs echo de menos, soy muy casera en ese sentido. No es que me considere en deuda, simplemente mis amigxs representan un espacio donde me siento más capaz de ser yo misma. Me cuesta hacer la comparación con mis colegas de profesión varones, primero, porque suelo trabajar mucho con mujeres. En segundo lugar, porque suelo trabajar con gente bastante joven. Cuando no hay hijxs o personas mayores de quien cuidar de por medio, la conciliación familiar no es un asunto tan visible.

¿Qué es lo que te impulsó a querer ser directora de películas?

Mis ganas de contar cosas, de compartir puntos de vista, de comprender algunos aspectos sobre mí misma, la pasión por el trabajo en equipo, el gusto por rodar, por actuar… En todo eso también hay una parte de ego, evidentemente, porque siempre he sentido la necesidad de contarle a otrxs lo que siento y para eso hay que asumir que a la otra persona le apetece escuchar.

¿Te sentiste preparada para trabajar en el mundo audiovisual al terminar la carrera? Es decir ¿cómo ha sido la “entrada” en este mundo para ti?

Para mí, hacer Júlia ist fue un máster. Algunxs pensarán que hacer una película pequeña es menos complejo que hacer una película con un gran engranaje de producción. En mi caso, siento que hacer una película con lxs amigxs que admiro durante tres años y medio, perdiendo dinero, rodando sin parar, haciendo muchos más roles de los previstos, etc., me ha dado la valentía de meterme en cualquier rodaje. Si nosotrxs pudimos estrenar una peli en cines echa con poco más que la convicción de querer hacerla, por supuesto que somos capaces de rodar en condiciones. Mi entrada en el circuito “comercial” ha sido rápida e intensa después del estreno de Júlia ist, pero yo ya llevaba años trabajando con mis colegas, levantando proyectos de teatro, educativos, audiovisuales… Entonces ha sido una evolución muy afortunada, de la cual estoy infinitamente agradecida, pero no ha sido del todo inesperada. También me he cruzado con personas que admiro por sus ganas de apostar por gente con menos experiencia. Y ya desde antes del estreno de Júlia ist, me he sentido totalmente arropada por las cineastas catalanas que admiro y que de alguna forma me han tutorizado y siguen haciéndolo a día de hoy.

¿Crees que el cine español se ha hecho un hueco en la industria cinematográfica internacional? ¿Crees que está reconocido a nivel mundial y por qué razones?

El cine español desde hace tiempo es considerado internacionalmente. No sé suficiente del funcionamiento de la industria, ni a nivel nacional ni internacional, pero veo que hay dos cosas que funcionan para lxs españolxs al presentarse como artistas ante el mundo. Por un lado, la opción de empezar desde lo propio y lo local (vemos el ejemplo de Almodóvar, siendo la ventana cinematográfica de la Movida Madrileña ante el mundo). Por otro lado, están lxs miles de profesionales que o bien han estudiado en España y luego han ido a trabajar fuera o los que han estudiado fuera directamente, con becas y ayudas, en línea con la globalización cultural y educacional.

Con respecto al tema concreto del apoyo a las mujeres cineastas, ¿cómo percibes tú la actual situación del cine español hecho por mujeres – a nivel de formación, acceso al trabajo, acceso a la financiación y redes de colaboración?

La situación de la mujer en la industria cinematográfica española sigue siendo muy delicada. Evidentemente en los últimos años se ha hecho y se sigue haciendo una gran labor de visibilización y al menos hay la consciencia de que existe el problema (aunque no todas las esferas lo reconozcan). Pero, a pesar de que las películas dirigidas por mujeres en España en los últimos años han arrasado en festivales y premios, demostrando desde abajo que hay voces que vale la pena escuchar, los presupuestos y la apuesta industrial siguen siendo muy desiguales. Las películas y series dirigidas por mujeres siguen teniendo mucho menos presupuesto de producción y de distribución que las dirigidas por hombres. Con eso quiero decir, que el colectivo de mujeres cineastas se asocia y se apoya para salir a la luz, pero la industria aún no les ha dado el sitio correspondiente. Por no hablar del colectivo LGTBIQ o de la representación de todas las culturas que co-existen en España.

Según tu opinión ¿Cuáles son las dificultades para entrar en el mundo del cine?

La gran dificultad para entrar en el mundo del cine para mi es el dinero. Es un arte caro. Evidentemente puedes hacer una apuesta estilística que suponga menos coste de producción para conseguir hacer una pieza que te presente ante el sector, pero siendo realistas, sigues jugando con desventaja. Si no vienes de un entorno en el que te puedan sustentar en caso de que algo salga mal, si no has podido estudiar en una escuela con grandes instalaciones y material, la entrada en el mundo del cine es todo un logro. Estoy hablando del caso de la gente que quiere explicar sus propias historias. Evidentemente entrar a trabajar en producción o en rodajes es también tarea difícil, pero es un recorrido más orgánico. En el caso de la interpretación, si eres mujer u otras identidades de género, también es difícil conseguir papeles, porque básicamente se escriben pocos. Aun así, yo confío en el persistir y lanzarse a la piscina, porque a mi alrededor veo que está funcionando. Poco a poco somos más.

¿Has sentido en algún momento que tu entrada en la industria de cine se hace más difícil por el hecho de ser mujer? Según tu opinión ¿Hay una desigualdad entre hombres y mujeres en este punto y cómo lo has notado?

Sí hay una desigualdad. Mi caso es un caso peculiar porque no he empezado trabajando para otros, sino haciendo mi proyecto con mis compañerxs Pol Rebaque, Marta Cruañas, Maria Castellví entre otrxs. Entonces, he partido de un entorno que confiaba en mí como directora. Después de eso, la vida me ha hecho el regalo de atraer a personas que intentan cambiar las cosas. Por poner ejemplos, mis tres trabajos dentro del circuito más comercial han sido liderados por: Miriam Porté (productora y directora de Dones Visuals) y Sílvia Quer (directora), Letícia Dolera (directora, actriz y activista feminista) y Javier Calvo y Javier Ambrossi (directores muy jóvenes y que visibilizan todo el colectivo LGTBIQ). Hay desigualdad fuera de la burbuja en la que he conseguido moverme. Y lo sé porque lo veo, lo siento y mis amigas lo viven a diario. Pero, cada vez somos más en lugares de toma de decisiones, así que hay esperanza.

Siendo mujer cineasta e incorporando mujeres como personajes protagonistas de tus películas ¿qué temática tratan tus obras?

Aún es pronto para reflexionar sobre la temática de mi obra, pero sí que puedo decir qué me interesa ahora mismo. Me interesa mucho la condición femenina contemporánea, las identidades de género, la sexualidad y las redes afectivas.

¿Cómo crees que el público reacciona al cine feminista?

En general las personas que ven películas que se consideran feministas, mi experiencia es que las disfrutan y se emocionan incluso más que con una película que se limita a repetir patrones. Incluso personas a las que de entrada les asusta la idea del feminismo, si ven una película sin ser conscientes de su contexto político, la disfrutan. Se subestima mucho a lxs espectadorxs y al final todo el mundo siente y se emociona cuando alguien le enseña una nueva forma de mirar.

¿Qué opinas de que los puestos en los festivales estén estereotipados (mujeres en programación y gestión, hombres en puestos técnicos y de mando)?

No tengo suficiente información sobre el funcionamiento interno de los festivales. Pero sí que es verdad que pocos de los que he visitado tenían una mujer directora y, en cambio, muchas mujeres se han encargado de recibirme en el hotel o recogerme en los pases. Algo pasa.

¿Cómo crees que se ha transformado el panorama cinematográfico para las mujeres en España desde que tú empezaste a hacer largometrajes hasta ahora? ¿Cómo esperas que vaya a cambiar la situación de cara al futuro?

Yo creo que el futuro es que haya muchas más mujeres en puestos de liderazgo y tomas de decisiones. Y no es un sueño o un deseo, es lo que preveo que va a pasar, porque poco a poco está pasando. En este caso son vitales las cuotas. Hay que ocupar este espacio para demostrar que el resultado es enriquecedor para todo el mundo. Y, además, creo que hay formas de liderazgo que empiezan a quedar obsoletas para las nuevas generaciones. Siento que mis colegas varones jóvenes que dirigen y triunfan, tienen una manera de liderar que se considera más femenina. Yo creo que algo está cambiando, pero no vale confiarse.

Si tuvieras que posicionar tu obra ¿de qué corrientes o movimientos cinematográficos dirías que es heredera? ¿Con la obra de qué directores sientes que la tuya dialoga? ¿Entre ellos hay alguna mujer?

Me cuesta siempre mucho la pregunta de los referentes para mi obra. No escribo nunca pensando en esto. Yo, como Elena, tengo muchos referentes, pero no sé cuáles de ellos afectan a mi obra. Me emocionan cosas muy diversas. Para poner un ejemplo, en este último año he vibrado mucho con Miranda July (artista, actriz y directora), Andrea Arnold (directora), Mia Hansen-Love (directora), Carmen María Machado (novelista), Anaïs Nin (novelista), Luna de Miguel (poeta y novelista). Como veis, muchas mujeres. Por no hablar de mis amigas. Ellas son mis grandes referentes: Laura Weissmahr, Anna Serrano, Alejandra Smits, Sofia Gallarate, Claudia Serrahima, Laura Cabello, Carla Linares, Alba Sáez, Clara Aguilar, Irene Moray, Meritxell Colell, Paula Ribó y un largo etcétera.

¿De qué forma tienes en cuenta la equidad en tus equipos de trabajo?

Cuando he decidido equipos, ha sido en colaboración con mis amigxs. Siempre trabajo de forma muy colectiva. La equidad ha salido de la convivencia real que tenemos entre nosotrxs, que es igualitaria. Cuando nos hemos dado cuenta que estábamos en desventaja, hemos tenido largas charlas al respecto y hemos tomado medidas. En lo que tengo ganas de ponerme las pilas es en la variedad cultural, de edad y otras identidades de género.

¿Cuál fue el motivo por el que decidiste hacer el papel de Ágata en Las Amigas de Ágata?

Admiraba a las directoras y me moría por pasarme un año actuando ante la cámara.

En la entrevista de GRL PWR dijiste que antes de Las Amigas de Ágata no te habías planteado ser actriz. ¿Qué es lo que te hizo cambiar de opinión?

En realidad, no me había atrevido a planteármelo. No me había permitido tener ese propósito porque me parecía demasiado ambicioso. Fíjate tú. Igual que el de dirigir. Lo que me hizo cambiar de opinión siempre ha sido lo mismo: hacerlo y ver que era capaz. Hay que probarlo todo. Al final es un juego. No estamos salvando vidas, estamos contando historias y cuanto más libres nos sintamos, más nos podemos arriesgar e igual conseguimos cambiar un poco la vida de alguien.

En la misma entrevista dijiste que desde siempre te llamaba la atención el ámbito comunicativo. ¿Por qué? ¿Qué es lo que quieres comunicarle a la sociedad?

Siempre me ha gustado mucho la gente. Conocerla íntimamente, hablar, compartir. Me gusta escuchar y hablar. Ambas cosas me apasionan y procuro combinarlas. Me importa mucho la evolución emocional de la sociedad. Creo que muchos asuntos políticos pasan por una emoción, un trauma, una fijación colectiva. Por ejemplo, las desigualdades se mantienen en gran parte por el castigo a la autoestima de todo un sector. Un colectivo que acaba creyéndose que vale menos, le cuesta mucho más luchar; sobre todo en contextos donde las desigualdades existen también entre privilegiados económicos. Hablo de occidente, que es donde vivo. En ese sentido me importa mucho intentar entender las heridas colectivas, por ejemplo, las de las mujeres. Intentar sanarlas a través de compartir historias, nuevas narrativas que escriban un presente y futuro diferentes.

¿Qué consejo les darías a las mujeres que quieren ser directoras de películas, pero no saben cómo empezar o no se atreven a dar el paso?

Que miren muchas películas dirigidas por mujeres, que se dejen emocionar y que entiendan que nadie nace aprendido. Si tienen ganas de dirigir que lo hagan, no solo por ellas, sino por las que vienen detrás. Todas necesitamos nuevos referentes cada día que nos acompañen en nuestro crecimiento.

¿Cómo crees que habría sido recibida tu obra si fueses hombre?

No lo sé… No sé qué historia hubiera contado, pero estoy casi segura de que no sería esta. No sé si hubiera tenido la madurez para contar una historia íntima compleja, no por diferencias entre géneros, sino por motivos culturales. A lo mejor con 21 años, siendo hombre cis, blanco y hetero, no me habría hecho preguntas como “¿por qué me cuesta tanto estar sola románticamente?” tan apasionadamente.

¿Qué es lo que te impulsa aceptar el realizar una obra, sea como directora o actriz?

Otras veces también he trabajado por dinero, para poder vivir, evidentemente.

¿Cómo esperas que sea la reacción de la gente al ver tus obras?

Si alguien puede acompañar la historia de inicio a fin y siente que ha entendido un punto de vista con algún matiz diferente a lo que había visto hasta el momento, me siento infinitamente satisfecha.

¿Cómo te sentiste al enterarte de que tu obra estaba nominada?

Me dio pena que no ganara el premio Gaudí, pero solo la nominación ya había sido una sorpresa inmensa. Me sentí muy afortunada y muy respetada por todxs lxs académicxs.

¿Qué pensaste cuando Irene Moray te pidió ser la protagonista del corto Suc de Síndria sabiendo qué tema trataba y que tenías que hacer escenas tan impactantes como la de llorar en la cama o la masturbación de la pareja?

En cuanto a Suc de Síndria, enseguida acepté cuando Irene me lo propuso. Cuando hablo de heridas colectivas, una de ellas es esta. Da igual si te ha pasado en tus propias carnes o no, como mujer vives con esa amenaza y es un tema que nos afecta a todas. Así que me sentí muy afortunada de poder formar parte de una pieza que iba a contribuir un poco a las narrativas de sanación de esta herida. Y además resultó que Irene Moray es una directora maravillosa.