«Soy una tumba» (Khris Cembe, 2018)

El engaño y el dolor – contrabando y silencio – Sueño y realidad

Por Corinna Schweiger

Soy una tumba (2018), un corto de 12 minutos en lenguaje regional sobre la trágica historia de una familia de pescadores gallegos en la época del contrabandismo del director Khris Cembe. Parece estar tomando por asalto los festivales de cortometrajes españoles en este momento. Ya premiado con el Gran Premio Ion Arretxe en el XXIV Festival de Cortos de Errenteria 2019, el primer premio en el Festival de Cine de Ourense 2019, los precios del Mejor Cortometraje Nacional y del Mejor Cortometraje de Animación en el Festival Nacional de Ciudad de Ávila 2019, el mejor Cortometraje de animación en el festival de cine gallego Mestre Mateo 2019 y La Fila de Valladolid 2019. Además, recibió muchas más nominaciones finales en festivales de cine. Pero para Khris Cembe esto no es ninguna novedad: con sus impresionantes, expresivas y variadas imágenes de animación en el largometraje Psiconautas (Alberto Vázquez; Pedro Rivera, 2015) y el cortometraje Decorado (Alberto Vázquez, 2016), ambos premiados con un Goya, ya ltenía un gran éxito como animador . En 2015 debutó como director y guionista con su cortometraje Viaje a pasteles y encontró rápidamente maneras de ir al extranjero, por ejemplo al Festival de cine en Annecy.

Lo notable de sus películas no sólo es el clásico dibujo estático del fondo conun suave ruido de imagen, que recuerda a una de las películas de Walt Disney de los años 50 y que se centra en la trama de las figuras en primer plano. Aún más fascinante es su manera de dibujar la vida interior de las figuras y los movimientos a través de diferentes espacios entre el sueño y la realidad. No se agarra al típico sobredimensionamiento de las expresiones faciales en combinación con gesto como lo conocemos de las animaciones de Walt Disney, de Mickey Mouse o Goofy. No, su representación de los personajes – sean objetos o animales como en Psiconautas y Decorado o personas y la naturaleza como en Soy una tumba – funciona más sutil y silencioso, casi reducido sólo a las características de los personajes. Elementos fantásticos como los episodios de trauma o los estados de intoxicación viven en los contornos y los contrastes de color y encuentran su paso a través de la puerta del alma, los ojos.

Así que también en Soy una tumba – la historia de un marino y su hijo, que hace poco perdieron a su esposa y a su madre. La historia tiene lugar en la costa gallega, por el ambiente, la aldea natal de Cembe servía de modelo: las casas separadas, pequeñas y algo destartaladas, la pasarela se adentra en el mar, el bosque directamente detrás de la casa. Tan estéril y perdido como el paisaje también el interior de la casa y la situación de diálogo entre padre e hijo: se caracteriza por el silencio – sólo un pequeño beso en el cogote del chico antes de que el padre vaya a trabajar muestra un cierto afecto. Largas secuencias en la mesa del desayuno intensifica este efecto de esterilidad y vacío. Guardan silencio sobre la muerte de la esposa y la madre, que solamente se ve en el dormitorio. También guardan silencio sobre el contrabando de tabaco de Winston, que el padre hace con los compañeros de barco. Y también permanecen en silencio sobre el homicidio contra el compañero después de la fatídica noche. El camarada le había engañado al padre y trató a descargar drogas en lugar de tabaco. El padre no quería verse implicado lo que resultó en una lucha mortal.

Con una mezcla de tensión, presentimiento y horror el hijo sigue los eventos de esa noche, pero siempre desde una distancia segura, y corre hacia el bosque en dirección a su padre. Al final, sin embargo, fue testigo del asesinato de su camarada y huye a su mundo de ensueño de blanco y negro, en el que nosotros, como espectadores, también somos atraídos por sus líneas negras que estrechan los ojos. Los sueños sobre el ahogamiento de la madre y de llegar a una isla donde hay una roca la que se ha de escalar para crecer, la superación de la brecha entre la infancia y la edad adulta. Después de ese sueño, el chico decide tomar el cuerpo del marinero para hundirlo en el mar y para ayudar a su padre en la descarga de las drogas. Se vuelve activo en lugar de sólo mirar y llorar y anhelar comunicarse con el padre. Llevará este secreto a su tumba, que él mismo parecía encarnar antes.

El cuerpo del marinero, sin embargo, se hunde hasta muchos más cadáveres hundidos, que pueden ser el resultado del contrabando de tabaco y el resultante contrabando de drogas en la década de 1980. Este tema se introduce al principio de la película en gallego por una voz en off: «Mira: Los contrabandistas son muy pocos, oportunistas, hay muchísimos. El que lleva el veneno del contrabando en la sangre es como el que tiene el vicio de beber o de fumar, lo llevas dentro y nada más. Los contrabandistas son muy pocos, oportunistas, cantidad de…»

Khris Cembe y su equipo de dibujantes ofrecen a los espectadores no sólo la información histórica, sino que también nos llevan con ellos en su viaje naturalista a este mundo desolado, a su hechizo de dolor y el silencio, de fraude y contrabando, de sueño y realidad. El los espectadores pueden ser guiados a través de las imágenes y las correspondientes el punto de vista del chico y también en el Sumerge tu subconsciente. La música dirigida por Víctor García da forma al progreso de la acción y a los estados mentales del niño y así los hace mucho más tangibles. También suspira y Los sonidos de la respiración, los tambores de lluvia y las ráfagas de viento acompañan la pena y incapacidad perpetua para hablar, para gritar. El coro cantando «A beira do lume», también acompañado de los sonidos menores tienden hábilmente un puente entre el sueño y la realidad. Uno puede rehuir este hechizo y sólo está al final por imágenes reales de la el áspero mar del Atlántico de vuelta a la realidad, una realidad, que, sin embargo, sigue luchando con el problema del contrabando y incomunicación entre niños y adultos.

Con tanto cine apasionante y compasivo, el director y el artista de animación sólo pueden predecir un futuro prometedor con la esperanza de muchas más películas sobre temas políticos y sociales explosivos, que encuentren un envoltorio inteligente en el género de la animación.

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